Junto a la primavera del año 2009 comenzaba a transitar esta aventura sin saber por dónde me llevaría... Tenía la certeza de que haber dejado doce años de mi antigua vida en la agitada Buenos Aires, era un riesgo que tenía que asumir para darle paso a algo diferente, algo que movería todos los cimientos de mi Ser para siempre.

Fui la primera “anidadora”. De ser una golondrina viajera y exploradora, me convertí en quien anida, da refugio, cuida el nido y guía los vuelos. Habité este nido día y noche junto con los primeros viajeros que lo visitaban. Desde esos primeros momentos, supe que éste iba a ser mi hogar por muchos años. Una felicidad interior me regocijaba el cansancio del trajín cotidiano.

Después de un “arduo pero mágico” año de trabajo, se unió al equipo de anidadores otro “peregrino de mundo”. Mi compañero de vida, Juan, quien con su energía, solidaridad y empeño cotidiano, se ha convertido en el anfitrión innegable del Hostel y en el motor necesario para darle continuidad al proyecto.

A mediados del segundo año, nació nuestra pequeña golondrina. Sentimos que el Hostel es mucho más que un proyecto laboral, es nuestro estilo de vida. Tenemos la necesidad de continuar viviendo en esta “casa comunitaria” que tantas satisfacciones y aprendizajes nos regala. Y Vera se convirtió así en la tercera integrante del equipo estable…

Nos acompañan en la tarea, un lindo grupo de personas que dejan lo mejor de sí cada día. Al igual que nuestros amigos y familia, quienes nos brindan todo su apoyo y colaboración para que este pequeño emprendimiento familiar continúe creciendo.

Te invitamos a vivir la experiencia: Flor Rod & CIA.